Tras las bambalinas de un amor no correspondido

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Una cama, es algo tan simple como un armazón de madera con una cubierta a duras penas acolchada de uso limitado para el descanso, y una que otra vez es testigo de emociones humanas como la tristeza, la pasión, el miedo, la felicidad o el dolor. Sin embargo, mi vida no fue tan simple, más que un dolor ordinario presencié sufrimiento, un dolor casi mortal que atormentaba cada parte de su cuerpo, y como si fuera poco presencié el dolor de la traición. Yo soy la cama de Frida Kahlo.

Desde el primer momento debí dimensionar cómo sería mi vida. Después de seis años de ser una cama como cualquier otra, mi vida cambió drásticamente, pasé de brindar un uso regular a ser usada día y noche debido a que Frida contrajo polio, y poco a poco se fue desencadenando ese sentimiento de vacío cada vez que no la sentía entre mis brazos. Frida se había convertido en mi cómplice, yo disfrutaba de aquel abrazo transfronterizo que ella me brindaba, mientras intentaba ignorar una multitud de sentimientos indescifrables, y ella en medio de su dolor desplegaba un olor de esperanza, una esperanza que podía ver a través de sus ojos que se tornaba color turquesa.

El viaje a aquel universo lleno de dolor parecía no tener fin ni lugar para la compasión. Algunos años después Frida sufrió un terrible accidente mientras viajaba en un autobús. Su pequeño cuerpo fue sometido a muchas operaciones que ya ni recuerdo cuantas fueron, pero sí recuerdo la fría capa de su corsé de yeso que nos separó a pesar de que estábamos tan cerca. No entendía cómo la culpa y la felicidad podían caber en aquel pequeño espacio, esa sensación desgarradora pero al fin y al cabo llena de ella.

¿Y es que quién se iba a imaginar que algunos años después aquella niña pautaría su dolor por medio de pinceladas? ¿Quién se iba a imaginar que nos dejaría un legado lleno de autorretratos y letras diversas? Porque ella, desde sus seis años ya sabía que el dolor no era parte de la vida, sino que él se podía convertir en la vida misma. Y hablando de dolor, cómo no mencionar a Diego, aquel barrigón que siempre logró sacarle una sonrisa. Yo que presencié muchos de esos momentos puedo decir que hasta sentí ese amor tan extravagante pero finalmente puro que se tenían. Sin embargo, sólo el hecho de amarla no fue suficiente ni para ella ni para mí. Diego, más que el del autobús, llegó a ser visto como uno de los mayores accidentes de la vida de Frida. El amor que él le brindaba era intermitente y la sensación de impotencia que generaba en mí me llevó a odiarlo. Mientras Frida lo amaba hasta dormida, yo me quedaba la noche en vela pensando cómo podría matar a Diego, no entendía por qué había sobrevivido, por qué Diego no se había muerto también junto a su hermano gemelo cuando tenía dos años de edad, no comprendía por qué yo nunca pude brindarle algo mejor de lo que él le brindaba a Frida ¿Por qué él y no yo? Y como si fuera poco, yo, en medio de mi dolor, no pude estar con ella en uno de los momentos más difíciles de su vida, no pude consolarla mientras se desangraban sus entrañas y perdía lo que más había añorado desde que tenía memoria, y a pesar de que me moría por estar con ella en ese momento me consumían los celos y la desesperación de sólo imaginarme que lo único que estaba presenciando ese momento era otra cama, otra cama que no merecía estar tan presente como yo.

Ahora Frida no había luchado sólo por su vida o por la de su hijo, sino también con las secuelas que le había dejado la Poliomielitis y el accidente. Unas secuelas llenas de dolor que pronto estaría pautado en muchas de sus obras, una pintura que llevaría su mensaje de aflicción ¿Y es que cuánta pasión y cuánto suplicio se puede expresar por medio de un lienzo?

A pesar del dolor y de la frustración que sentí a lo largo de mi vida, mi amor por ella siempre fue más fuerte que todo, y aún con gratitud recuerdo aquel momento en el que sentí que me quería mientras la muerte me la arrebataba, y desde entonces volví a ser un simple armazón de madera, con una cubierta a duras penas acolchada en esta pinche mansión del olvido, La Casa Azul.

Johana Tarquino Castro.

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Un pensamiento en “Tras las bambalinas de un amor no correspondido

  1. blackgenetic dice:

    Frida Kahlo, siempre inmortal.

    Le gusta a 1 persona

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